Apres-coup_Nº8_articulo_1

Sobre el método adoptado por Laplanche en la lectura e interpretación de la obra freudiana*

Maria Teresa de Melo Carvalho

La mayoría de los libros de Laplanche se inician con consideraciones sobre el método que adopta en su lectura e interpretación de la obra freudiana. La preocupación metodológica constituye uno de sus rasgos característicos: «Et d’abord, à tout seigneur tout honneur, la méthode» (2), como dirá en la introducción de la recopilación La révolution copernicienne inachevée (Laplanche, 1992, p. XIII). Esta preocupación metodológica, ya decisiva en el extenso trabajo de investigación realizado en colaboración con J.-B. Pontalis —bajo la dirección de Daniel Lagache— y que dio lugar al tan conocido Diccionario de psicoanálisis, se renueva bajo la influencia de su segundo maestro en psicoanálisis, J. Lacan. Su propuesta de  un “retorno a Freud”  lo llevó a reforzar su interés por una lectura rigurosa del texto freudiano e inspiró su “retorno sobre Freud”, expresión que él mismo acuñó para designar su opción metodológica singular.

Retomar y discutir todo lo que Laplanche propone respecto al método excede nuestro propósito. Nos limitaremos, por tanto, a destacar y explicitar sus dos características fundamentales. La primera es lo que denomina un “enfoque histórico-estructural” y la segunda es justamente el “retorno sobre Freud”. Veamos, en primer lugar, el sentido de su enfoque “histórico-estructural”, cuyos principales parámetros están formulados en la introducción de Vida y muerte en psicoanálisis. Esos parámetros serán retomados y desarrollados en cada exposición posterior sobre el método, aunque ya estaban formulados en su primer texto eminentemente metodológico, Interpretar [con] Freud. El sentido del término “histórico”, en esa expresión, se establece con gran precisión en la afirmación siguiente:

«La exposición o la “historia” del pensamiento psicoanalítico, tal como nosotros la entendemos, solo puede referirse a las coordenadas del psicoanálisis mismo. Esto significa que, más allá de una historia manifiesta u oficial (la que el propio Freud a veces intenta escribir), el psicoanálisis tiene una historia latente, en parte inconsciente, sostenida por temas que se repiten… (Laplanche, 1970/1972, p. 7).

Así, su enfoque se diferencia de aquellos que apuntan a estudiar la historia del psicoanálisis como si se tratara de una disciplina del conocimiento entre otras, destacando, por ejemplo, sus fuentes de influencia, o el contexto sociocultural en el que surgió. También se diferencia de los enfoques que intentan reconstruir la historia del hombre Freud confundida con la de su descubrimiento, como ocurre en las grandes biografías.

Otra precisión importante que conviene hacer concierne al lugar que ocupa la cronología de los descubrimientos y formulaciones teóricas en la historia del pensamiento freudiano. Para Laplanche se trata solo de un punto de referencia (1970 / 1972, p. 7), pues entiende que el movimiento del descubrimiento en psicoanálisis no es cronológico en el sentido de que lo más reciente vendría a perfeccionar o reemplazar lo más antiguo. Cuando se trata de descubrimientos psicoanalíticos, todo puede volver a cuestionarse e, inversamente, aquello supuestamente ignorado puede ser lo que siempre se supo. La historia del pensamiento de Freud está guiada por un gran descubrimiento que engloba a todos los demás: el descubrimiento del inconsciente, impulsado por el descubrimiento de su propio inconsciente en el proceso de su autoanálisis. Una fórmula de Laplanche que parodia la ley de Haeckel expresa esa relación entre el objeto de estudio del psicoanálisis y la teorización en psicoanálisis: «la teórico-génesis reproduce la ontogénesis» (Laplanche, 1987/1989, p. 24). Se pone en relación el movimiento de teorización sobre el inconsciente y el movimiento psíquico del teórico, atravesado por su inconsciente. En otras palabras, la teoría se sitúa como uno de los lugares de la experiencia psicoanalítica, como un ejercicio en el que se vive el análisis, tal como lo formula en el pasaje siguiente: «afirmar que el ser humano es autoteorizante equivale a sostener que toda verdadera teorización es una experiencia que necesariamente compromete al investigador» (Id., Ibíd., p. 22). Así, el concepto de “après-coup”, imprescindible para concebir las inscripciones psíquicas —y, por tanto, la propia fundación del inconsciente—, también se vuelve importante para comprender el movimiento del pensamiento freudiano. Los descubrimientos iniciales se dejan de lado —“olvidados”, ¿por qué no decir reprimidos?—, para reaparecer posteriormente en nuevas formulaciones. Y sabemos hasta qué punto ese método de lectura de la obra freudiana fue decisivo para el rescate, por parte de Laplanche, de la teoría freudiana de la seducción o teoría traumática de las neurosis.

En la expresión “enfoque histórico-estructural”, el término “estructural” indica, a su vez, que en el movimiento del pensamiento freudiano se van delineando grandes conjuntos conceptuales que terminan por definir la estructura de la obra. Por lo tanto, ese enfoque apunta a «una historia de las modificaciones del conjunto de la obra» (Laplanche, 1970/1972, p. 8), y no a la historia de un problema particular. Busca captar el sentido del pasaje de cierto equilibrio —o de cierto desequilibrio estructural— a otro estado de pensamiento. Según Laplanche, un aspecto decisivo de este tipo de estudio consiste en «mostrar cómo las grandes modificaciones de la obra (los famosos “giros”) son correlativas del desplazamiento de ciertos segmentos de la doctrina, conjuntos que luego es posible reencontrar en otro lugar y con una nueva función» (loc. cit.). También importa averiguar cuál sería el resorte que impulsa esas modificaciones: ¿estarían determinadas por las exigencias de la estructura y su equilibrio? ¿Reflejarían la investidura, por parte del autor, de un determinado elemento de la teoría que, tras haber sido ocultado en un lugar, deberá resurgir en otro? (Laplanche, 1970/1972, p. 9). Un claro ejemplo de este modo de abordar el pensamiento freudiano es la interpretación que Laplanche propone de los sucesivos dualismos pulsionales.

Una vez explicitada la primera característica del método utilizado por Laplanche en su recorrido interpretativo de la obra de Freud, pasemos entonces a la segunda, que podemos denominar “retorno sobre Freud”. Aunque se trata de una expresión que Laplanche comienza a emplear a partir de las Problemáticas, su significado ya se encuentra en Interpretar [con] Freud. “Retornar sobre Freud” es abordar el texto freudiano con las armas del propio Freud para “hacerlo trabajar”, “hacerlo chirriar” o “hacerlo entregar el alma”. Aquí se conjugan dos metáforas: una nos remite a la guerra y la otra a la ebanistería. Como señala Scarfone (1997, p. 14), abordar el texto de Freud con las armas que él mismo creó para someterlo a una especie de rendición, en la que entregaría el alma, suena un tanto agresivo. Pero se trata de una agresividad necesaria cuando el objetivo es combatir la satisfacción dogmática que supone abordar el texto freudiano como un texto sagrado, intocable. Agresividad necesaria, también, contra una teorización laxa que multiplica las hipótesis ad hoc, sin que importe el lugar que ocupan en el conjunto de la teoría (loc. cit.).

“Hacer trabajar el texto” remite al trabajo interno de la madera, que la hace cambiar a lo largo del tiempo y según las condiciones climáticas; la hace chirriar hasta, eventualmente, desmontar las clavijas o hacerlas saltar, sin que se añadan productos externos. Esta metáfora, al igual que la anterior, muestra la preocupación por la especificidad del campo del psicoanálisis, donde método y objeto se encuentran interconectados. El dominio del inconsciente, inaccesible hasta su descubrimiento por Freud, es inseparable de su abordaje, es decir, del método para su exploración. Laplanche se pregunta entonces si ese método no podría utilizarse —o si al menos es posible trasponerlo— cuando lo que se desea interpretar es la obra de Freud (Laplanche, 1968a/1978, p. 33). La respuesta a esta cuestión depende, en principio, de una comprensión clara de la interpretación en psicoanálisis, que la desmarque de la tradición hermenéutica en la que se inserta, por ejemplo, el gran trabajo de Paul Ricœur (2). Interpretar en psicoanálisis es, ante todo, desmantelar y desarticular la organización del texto manifiesto. Para ello, todos los elementos de ese texto deben ser tratados de manera igual, lo que supone, por ejemplo, no privilegiar su coherencia mediante la eliminación de sus incoherencias. Las incoherencias, las lagunas, los enunciados o detalles que parecen absurdos, los olvidos de proposiciones previas, los puntos de impase, constituyen un material precioso para la interpretación. Recorrer la obra en todos los sentidos, sin omitir ni privilegiar nada a priori, sería, para Laplanche, el equivalente de la regla fundamental del análisis. Esa regla metodológica pone de revés las elaboraciones secundarias y los camuflajes de las formulaciones conscientes, permitiendo así que se revelen otras redes de significaciones (Laplanche, 1968a/1978, p. 33-34).

Es importante dejar claro que esta propuesta metodológica difiere tanto de la que apunta a un psicoanálisis del hombre Freud —que busca evidenciar las condiciones subjetivas ligadas a las contingencias de su historia individual— como de la que pretende una crítica puramente racional de su pensamiento. Se trata, sin duda, de una propuesta metodológica de difícil aprehensión para el lector que no conoce la obra de Laplanche. Por su parte, el lector familiarizado con ella habrá percibido cómo esa propuesta se realiza y se renueva en cada uno de sus textos. Como ilustración, tomemos el ejemplo puntual de una interpretación, formulada primero de manera bastante resumida, que desarrollará a lo largo de su obra.

Se trata de la interpretación del olvido masivo, en el sentido de represión, que se encuentra en la teoría freudiana de la génesis de la sexualidad o de la pulsión: después de haber descrito de manera tan precisa en los Tres ensayos la génesis de la sexualidad a partir de toda actividad del individuo humano (génesis marcada por los términos autoerotismo, apuntalamiento, perversidad polimorfa, etc.), Freud parece finalmente reubicar, con su teoría del “Ello”, a la pulsión sexual en el orden de la naturaleza y de lo biológico. Ante un olvido tan masivo, que se perpetúa en los sucesores de Freud, el psicoanalista no puede dejar de interpretar. Para él, ese olvido no es sino el retoño, el avatar intelectual de una represión fundamental: la que hace que la pulsión, renegando de sus orígenes infantiles e intersubjetivos, termine por presentarse al sujeto como una naturaleza que conduce, tras complejos y aleatorios rodeos, a una regulación cuasi instintiva de la actividad sexual del individuo (Laplanche, 1968b/1992, p. 33-34, cursivas del autor).

Nótese, en este ejemplo, la forma en que el autor considera la implicación recíproca entre método y objeto. Obsérvese también que no se trata de hacer un psicoanálisis de Freud, sino de buscar aquello que Laplanche denomina “exigencia”, entendida como un campo intermedio entre el inconsciente del pensador y su proceso de teorización. Esa exigencia teórica sería la refracción, en el nivel del descubrimiento, de un deseo que no es cuestión de interpretar. En otros términos, sería la sombra o el embajador de ese deseo (Laplanche, 1981/1988, p. 31). O como la redefinirá muchos años después: «Creo que existe cierto nivel de interpretación que permite seguir la pista, en Freud, de algo que yo llamo, desde hace mucho tiempo, la exigencia. La exigencia es algo que está dictado por el objeto: ni por el hombre Freud ni tampoco por la lógica» (Laplanche, 1993/1998, p. 13, cursivas del autor).

Notas

(✶) De Melo Carvalho, M.T. (2017). Fragmento del capítulo II, «Vida e morte no segundo dualismo pulsional», en Daniel Kupermann (coord.), Por que Laplanche?, São Paulo: Zagodoni Editora, 2017. pp. 53-57. Traducción: Deborah Golergant

(2) En esta frase Laplanche retoma un antiguo proverbio francés, que mantenemos en su versión original por la sonoridad particular que la traducción no logra conservar: “Y primero, a todo señor todo honor, el método.

(3) Al respecto, véase: Laplanche, J. (1994) «El psicoanálisis como anti-hermenéutica».

Bibliografía

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Laplanche, J. (1968b). «La position originaire du masochisme dans le champ de la pulsion sexuelle». In : La révolution copernicienne inachevée (Travaux1967-1992), Aubier, 1992.

Laplanche, J. (1970). Vida y muere en psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu, 1972.

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Scarfone, D. (1997). Jean Laplanche. Paris: PUF.

Deborah Golergant

Maria Teresa de Melo Carvalho

Fragmento del capítulo II, «Vida e morte no segundo dualismo pulsional», en Daniel Kupermann (coord.), Por que Laplanche?, São Paulo: Zagodoni Editora, 2017. pp. 53-57.

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